Jason Pronyk

Cuando se produjo el atentado, Jason se encontraba en Bagdad asignado por el Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Actualmente es Asesor Senior de Alianzas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

Jason Pronyk

¿Cómo le afectó el atentado del Hotel Canal como personal de asistencia internacional?

El día del atentado había convocado una reunión en mi despacho de la sede de la ONU en Bagdad. Hacía poco que había trasladado mi despacho a la planta baja, por lo que los cristales y fragmentos de edificio de la explosión hicieron blanco en la parte superior de nuestros torsos, penetraron en nuestros cráneos, acabaron con [mis colegas] Chris y Saad, además de herir a Kim, Nada, Darlene y Omar, sólo en mi despacho.

En lo que quedaba del edificio, Jean-Sélim Kanaan [Asistente Especial del Jefe de Personal de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Irak], Gil Loescher [de la ONG de derechos humanos openDemocracy], Henrik Kolstrup [Representante del PNUD], Sergio [Vieira de Mello, Representante Especial de las Naciones Unidas en Irak] y otras personas también quedaron atrapadas bajo los escombros mientras el humo, el polvo y los escombros llenaban los pasillos.

Gracias a los primeros intervinientes, sobreviví y fui trasladado en helicóptero a un equipo de neurocirujanos de un hospital estadounidense de apoyo al combate situado al norte de Bagdad, y luego a Kuwait, Landstuhl y, por último, Canadá. Para dar una idea del caos, en un intercambio de correos electrónicos a los seis meses de mi proceso de recuperación, el Dr. Armonda (Coronel) narró la cadena de acontecimientos: "Cuando la ONU fue atacada, nos encontrábamos a 24 km al oeste de Bagdad... En agosto, la temperatura había alcanzado más de 130 grados [Fahrenheit] y apenas teníamos electricidad en el quirófano y la UCI [unidad de cuidados intensivos], y no la suficiente para hacer funcionar el escáner CT. La noche que llegaste estábamos trasladándonos a nuestra nueva ubicación en Bagdad, en el hospital Ibn Sina de la Zona Verde. Realicé tu primera operación... podría describirse mejor como control de daños...".

El atentado suicida atribuido a Al-Qaeda en el Hotel Canal me cambió fundamentalmente como persona. En primer lugar, físicamente y psicológicamente, al tener lesiones de por vida, cargas con las cicatrices, la pérdida de funciones y las capacidades restringidas. En segundo lugar, eres más consciente de las vulnerabilidades que te rodean - otros supervivientes cuya pérdida es igualmente permanente. En tercer lugar, juntos llegamos a Bagdad convencidos de que la ONU tenía un papel que desempeñar en un momento histórico con nuestros colegas iraquíes. Sigo convencido de que las responsabilidades de las Naciones Unidas y del personal humanitario son hoy tan relevantes, si no más, que en aquel desesperado y sofocante día de agosto que destrozó vidas y familias. El Día Mundial de la Asistencia Humanitaria reconoce nuestra pérdida y resistencia colectivas y que #EstamosAquí para seguir asumiendo las responsabilidades de las Naciones Unidas y de la comunidad humanitaria.

 

Veinte años después, ¿qué significa el atentado para usted y su trabajo?

Para los supervivientes y las víctimas del terrorismo, el atentado tiene un impacto interminable. Retrospectivamente, ¿qué significa para mí y para mi trabajo? En primer lugar, el 19 de agosto es un día conmemorativo que marca un acontecimiento único. Doy gracias por vivir y recuerdo cada minuto a los 22 compañeros que perdimos y a los cientos de heridos el 19 de agosto. Para mí, como superviviente, la explosión resuena como si fuera ayer. En segundo lugar, el 19 de agosto fue designado Día Mundial de la Asistencia Humanitaria por la Asamblea General de la ONU y sigue siendo un día para reconocer y conmemorar a quienes sirven a causas humanitarias en todo el mundo. Sin embargo, los ataques contra los trabajadores humanitarios continúan.

Tras el atentado del Hotel Canal, asistimos a los ataques contra la ONU en Argel en 2007 y en Hargeisa en 2008; contra la casa de huéspedes de la ONU en Afganistán en 2009; contra la casa de la ONU en Nigeria en 2011; contra el complejo de la ONU en Somalia en 2013; y contra el complejo de la ONU en Mogadiscio en 2013. Esta lista, aunque no es exhaustiva, no incluye la pérdida de vidas de civiles inocentes, de personas alcanzadas por daños colaterales cuando se dirigían al mercado, ni de los socios de la ONU que son atacados deliberadamente. Esta violencia sin sentido obstaculiza la capacidad de la comunidad humanitaria para satisfacer las necesidades básicas y fomentar la resiliencia.

El DMH también conmemora a los amigos y colegas que perdimos en desastres de origen natural, como los terremotos de febrero de 2023 en Türkiye y Siria. El terremoto que destruyó el Hotel Christopher de Haití, en enero de 2010, dejó un rastro de destrucción: más de 200.000 personas fallecidas. 102 funcionarios de la ONU perecieron, lo que constituyó la mayor pérdida de vidas a causa de un solo suceso en la historia de las Naciones Unidas.

El DMH es también un día para reconocer que más de 120 países contribuyen con tropas y policía a las misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, prestando servicio en los puntos conflictivos del planeta: Sudán, RDC [República Democrática del Congo] y RCA [República Centroafricana], entre otros. Sólo en 2022, 77 policías y civiles murieron al servicio de la Organización. La ONU se mantiene firme ante estos ataques.

En tercer lugar, lo que significa para mí y para mi trabajo es que, ahora más que nunca, el mundo necesita a la ONU como facilitadora del multilateralismo. El éxito requiere que los Estados Miembros defiendan los principios de la Carta de las Naciones Unidas e inviertan en la institución, la preparación y la prevención y resolución de conflictos. Como expone el Secretario General de la ONU en su Nuevo Programa de Paz, la prevención y el desarrollo sostenible son interdependientes y se refuerzan mutuamente. Para mí, como superviviente de un brutal atentado terrorista, la DMH es una oportunidad para reconocer la pérdida y el sufrimiento continuo, promover la tolerancia y reafirmar el compromiso con las ideas de la justicia social que llevaron a muchos de nosotros a Irak y a otros puestos de trabajo igualmente difíciles. El DMH es una oportunidad para perdonar los daños causados y el sufrimiento que se nos infligió a muchos de nosotros. La memoria, la conmemoración y el perdón pueden ir acompañados de medidas para proteger a los trabajadores humanitarios y responsabilizar a los culpables.

 

¿Qué transmiten al mundo de hoy el atentado y la respuesta de la ONU?

El ataque contra el Hotel Canal fue el primer gran atentado contra la ONU dirigido contra personal de cooperación internacional. Se consideró uno de los días más oscuros de la historia de las Naciones Unidas. Fue un momento en el que nuestro sistema mundial de respuesta humanitaria también cambió de forma permanente. El atentado suicida coincidió con una profunda frustración e indignación por la invasión de Irak, con consecuencias de gran alcance para el pueblo iraquí y la región en general, incluido el ascenso de grupos extremistas. La respuesta de la ONU entonces y desde entonces sigue siendo, que #EstamosAquí, prueba de que los colegas de la ONU están a menudo en la primera línea, en los lugares más difíciles y en los momentos más difíciles, desde Kabul a Kiev.

Lo que el atentado transmite al mundo de hoy no es sólo los continuos retos de la construcción nacional y el coste de los conflictos armados en vidas civiles, sino la abrumadora necesidad de abordar las condiciones subyacentes que contribuyen al extremismo violento. Lo que el atentado transmite al mundo de hoy, con un profundo déficit de desarrollo y la fragmentación del multilateralismo, es que se requieren cambios sísmicos para que el pasado no sea (de nuevo) prólogo. Esto puede lograrse potenciando el papel de la ONU como plataforma global de diálogo, negociación y cooperación para prevenir conflictos, promover la paz y prepararse para las complejidades que nos esperan.

Este mensaje colectivo de resiliencia de la misión humanitaria de la ONU queda bien plasmado en las palabras del que fuera Secretario General de la ONU, Dag Hammarskjöld, que también perdió la vida en acto de servicio: "Pero aunque los peligros sean grandes y aunque nuestro papel sea modesto... la labor de la Organización es el medio a través del cual todos nosotros... construimos diques contra las inundaciones de la desintegración y la violencia".